24/12/24

Yo, me siento a leer en una biblioteca pequeña, estrecha, son dos asientos como en un autobús, en un primer momento hay un hombre desconocido en el otro asiento. ¿Toco una nariz, mía o suya, creo que la mía, con un dedo? El hombre se va, se sienta una niña, o joven, de unos 10 a 13 años, rubia como de oro y hermosa, la piel perfecta. Empezamos a hablar, siento una gran afinidad para con ella, ella me dice algo de que se va a escapar para Londres (de su madre, creo), y yo, en vez de disuadirla, que pienso sería lo normal, la animo, travieso, con complicidad, ella también me sonríe. Cuando le digo cuántas serán las horas de viaje, pensando que serán cuatro, ella me responde que 12, y yo pienso que, estando en África, de noche, parada de autobús, carreteras, es muy peligroso, así que me aprovecho y le pregunto: ¿Y un guardaespaldas? Y ella me sonríe, también cómplice y traviesa, sabedora de mis ganas por acompañarla, dice: Vale. Nos salimos de los asientos, atravesamos el pasillo estrecho que conduce afuera. Si el pasillo de la biblioteca está en penumbra, el pasillo central en el que desembocamos, de tonos verdes suaves como de colegio, está completamente iluminado. Estoy con ella, queremos volver a la sala de la biblioteca, como que ese es el primer destino por alguna razón, pero no logro encontrarla, pasamos varias veces por las mismas puertas, y en ninguna de ellas veo la biblioteca.